Second en concierto para agradecer a los murcianos su participación en la grabación de su Videoclip realizado en la Gran vía de Murcia un mes antes.
La Orquesta Sinfónica amenizó con su música la Plaza de la Universidad el día 29 de mayo de 2010
La plaza Europa se inundó y color con los ritmos indúes la misma noche.
La Plaza del Cardenal Belluga bailó con la música de Goram Bregovick para clausurar el ciclo de las Tres Culturas en Murcia.
Se rueda la escena de una película en un callejón junto a la Plaza de San Juan, la misma noche de los conciertos de clausura del festival de las tres culturasel día 29-5-2010
MÚSICA Y CULTURA EN MURCIA
3.6.10
2.6.10
Una vida en la elaboración de la cerveza.
La elaboración de
La elaboración de la Cerveza
Proceso de elaboración
Ingredientes básicos de la cerveza: cebada, lúpulo, agua, levadura y arroz
El ingrediente principal de la
cerveza es la cebada, que se convertirá en malta a
través de un laborioso proceso de maceración en la sección de maltería.
La
cebada una vez descargada por los camiones que vienen de los diferentes campos
de toda España se depositará en los silos donde se guardará hasta pasar a las
torvas dónde estos granos se remojarán con continuas duchas de agua hasta que
la cebada germine, una vez realizado este proceso, se trasladará el grano
germinado a los túneles de secado y tueste, para retirar la humedad, secar y tostar
a una temperatura de 80º C, acción que reportará el color dorado y tostado a la
cerveza.
La cebada se molerá y se le incorporará
progresivamente el agua tratada, para que se produzca la malta en las condiciones
óptimas que los técnicos del control de calidad de la zona de maltería
supervisarán constantemente.
Después de separar el líquido de la malta
se trasladará a través de
tuberías a la zona de brassage dónde hay cinco calderas de cocción y cada uno
de los ingredientes se cocerán de manera independiente en un diferente proceso
para mezclarlos posteriormente, la Malta con el Arroz
triturado (para conseguir una mayor eficacia en la elaboración) y con el Lúpulo
(que será el ingrediente de conservación natural y el que le aportará el sabor
amargo a la cerveza).
,
y los posos del grano que hayan quedado servirán de alimento para los animales
de las granjas (muchas vacas son alimentadas con estos posos).
El mosto de la cerveza no contiene alcohol
Después de macerar todos los ingredientes por
separado en cada una de las calderas de cocción, se unirán y molerán
conjuntamente con el agua tratada, para posteriormente pasar a la línea de
refinado y conseguir extraer el mosto de la cerveza (que aún no contiene
alcohol). Este líquido se trasvasará por
canales donde se le adherirá paulatinamente el ácido carbónico al
mosto, elemento que aportará la fuerza y el carácter a la cerveza. Controlado
todo ello por los laboratorios y los químicos, hasta pasar todo el mosto a los
grandes silos que guardarán con un celo extraordinario el líquido dorado
durante el tiempo necesario hasta su óptima maduración.
Durante el mismo trayecto hacia los
silos, le ha sido inyectada la levadura al mosto de la cerveza,
que tiene como función la de metabolizar a través de su fermentación los
azucares existentes para conseguir el alcohol de la cerveza y de este modo su
bouquet. Para ello habrá de estar guardada durante el tiempo preciso en cada
uno de los nueve silos que hay a la entrada de la fábrica.
Después de haber estado en reposo y
obtenido la cerveza deseada, se procede a retirar la levadura introducida con
anterioridad, ya que si no se retirase se produciría un deterioro en el
producto final del líquido dorado.
La cerveza se retirará de los silos
por unos conductos hacia la zona de refrigerado para su óptima conservación.
Tras esto se filtrará a través de un exhaustivo control, eliminando los
elementos en suspensión y pasando de ser un líquido turbio a un líquido
brillante.
La cerveza una vez ha sido filtrada
se envía por conductos hasta el laboratorio de envasado y la zona de llenado,
donde se rellenarán barriles y embotellará, quintos, tercios y litros una vez
limpios en las líneas de botellería. Donde hay una gran cantidad de tecnología,
innovación y logística, controlada por operarios que a su vez supervisarán las
máquinas de control numérico y robots inteligentes de última generación con una
máxima eficacia.
Después de haber pasado todos los procedimientos de
limpieza, embotellado y etiquetado, las botellas serán dispuestas en cajas
perfectamente acondicionadas y limpias para ser llevadas a la zona de almacén.
Desde donde serán requeridas hasta su destino final.
Una vida trabajando en
la elaboración de la cerveza en la
Estrella de Levante
Juan Montesinos fue el
operario nº 14 de la empresa, aún cuenta con cariño muchas historias de las que
ha vivido en la fábrica durante más de 35 años de trabajo. Comenzó trabajando
en los talleres mecánicos, lugar donde se realizarían las primeras máquinas
para la elaboración de la cerveza en la fábrica.
Durante el recorrido
Juan se detiene con añoranza en las
fotografías antiguas que hay junto a los túneles de tostado en la sección de
maltería, que recuerdan como se soldaron los primeros silos de la fábrica para
guardar la cebada y nos dice “yo soldé los silos originales junto a otros
compañeros, era febrero y hacía tanto frío que cuando llegábamos a nuestras
casas después de la jornada no había forma humana de calentarse”.
Nos cuenta que la fábrica
de la Estrella de Levante abre sus puertas en 1963 en
Espinardo-Murcia en un solar donde no había nada, porque eran unos momentos
históricos difíciles. Comenzaron 18 personas trabajando para instalar la maquinaria necesaria y dar
comienzo a la elaboración de la primera cerveza, que sería el 18 de julio de
ese mismo año, “la malta en aquél entonces se traía de otros lugares, porque
aquí no teníamos maltería hasta años más tarde.
“En
aquél tiempo aún pasaba el Ferrocarril Murcia-Caravaca por las puertas de la
fábrica y aún existían muy cercanos los antiguos raíles de un tranvía que ya no
estaba en funcionamiento y mira que gracia ahora nos van a poner uno casi por
el mismo sitio donde estaba el antiguo”.
En la
década de los años 70 se instaló una maltería para la producción de su propia
malta. Entre los años 1.985 y 1.995 se produjo una ampliación de la fábrica con
una nueva planta de envasado y nuevos almacenes, la plantilla de trabajadores
entonces era de casi 300 operarios, “yo trabajaba en fábrica en los momentos
donde más horas se echaban”, “comencé en el talles mecánico y terminé en las
calderas de cocción”,”cubríamos tantas horas que formamos un comité de empresa
para luchar por nuestros derechos”, “conseguimos a base de negociaciones y
sacrificios ser una empresa que consideraba los derechos de sus trabajadores”,
“decir que trabajabas en la estrella, era decir que trabajabas en un buen
sitio”.
La
plantilla de trabajadores se reduciría considerablemente por la implantación de
las nuevas tecnología en las maquinarías de última generación, en la actualidad
hay aproximadamente unos 160 trabajadores que realizan 3 turnos diferentes,
dándose en relevo unos a otros porque la producción de la cerveza no se
detiene.
11.5.10
Robert Doisneau (izquierda) y André Kertész, Arlés, 1975.Recibió la formación de grabador litográfico y tipógrafo en París. En 1929 comienza a realizar sus primeras fotografías aprendiendo de forma autodidacta y leyendo las instrucciones de las cajas de emulsión para revelar. Comenzó a trabajar en un estudio fotográfico que posteriormente compraría al morir su dueño. En 1931 comienza a trabajar con el artista André Vigneau gracias a sus conocimientos como grabador, éste le introduce en el mundo de la fotografía como arte. En una entrevista con El País Semanal en 1991 contaba "Cuando yo empecé, nadie conocía a nadie. No había revistas que difundieran la obra de los fotógrafos más interesantes. Por eso la única persona que me influyó fue Vigneau. Era formidable: escultor, pintor, fotógrafo". En esta época también descubriría a Man Ray.
Inicialmente trabajó como fotógrafo industrial y de publicidad en la factoría de Renault de Billancourt hasta ser despedido por sus repetidas ausencias, según sus palabras "desobedecer me parecía una función vital y no me privé de hacerlo". De los objetos inanimados pasó a las fotografías de gente en París y Gentilly. El 25 de septiembre de 1932, L'Excelsior publica su primera fotografía. La crisis de los años treinta le afectó, debiendo pasar una larga temporada sin encargos. Vivió en Montrouge desde 1937 hasta su muerte. El 25 de septiembre de 1993. Doisneau tomó su última foto. El 1 de abril de 1994, a la edad de 81 años, murió.
Guerra y posguerra [editar]Participó como soldado estando alistado en la Resistencia Francesa durante la II Guerra Mundial hasta que fue desmovilizado en 1940. Son tiempos penosos en los que realiza fotografías de científicos por encargo y no deja de retratar la ocupación y la liberación de París. Terminada la guerra, es contratado por la agencia ADEP y trabaja junto con Henri Cartier-Bresson y Robert Capa, reflejando la alegría y la jovialidad de la ciudad de París tras la desgracia. Desde 1945 colabora con Le Point y se integra de por vida en la agencia Rapho, retratando, entre otros, a Pablo Picasso. Todo su trabajo, fuera de los encomendados, siguió centrándose en la vida pública y situando a sus personajes en un ámbito cotidiano "Mi foto es la del mundo tal y como deseo que sea" [1].
El latido de París [editar]Con Robert Giraud se abre a la vida nocturna de la capital: jazz, cafés y el arte alternativo. Recorre Montparnasse y Saint-Germain-des-Prés donde se encontrará con Jean Paul Sartre, Albert Camus y Jean Cocteau entre otros. Es su modo de escapar del mundo artificial de 'Vogue'.
En 1950, Doisneau buscaba material para cumplir con un encargo de la revista estadounidense America´s Life, interesada en los enamorados de París. De ahí saldrá la serie Besos y su obra más significativa: El beso del Hôtel de Ville. La fotografía muestra de forma misteriosa una pareja besándose frente al ayuntamiento de París. Muchos pensaron que era una fotografía espontánea que el autor había tomado en las calles parisinas. Sin embargo, años después se supo que la pareja estaba formada por los estudiantes de arte dramático, Françoise Bornet y Jacques Carteaud de los Cursos Simon. El artista que les haría anónimamente famosos les descubrió en un café parisiense y ambos aceptaron posar delante de su objetivo dándose un apasionado beso en mitad del tumulto de la ciudad. La foto se convirtió en un icono reconocido en todo el planeta. El trabajo recorría toda Francia y Estados Unidos con gran éxito, y le abriría las puertas en el extranjero. En 1951 expone en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Es un beso que simbolizó una multitud de cosas: el amor, París como ciudad romántica y representó una época de exaltación del sentimiento. También se convirtió en objeto que aportó jugosas ganancias: aún hoy el famoso beso vende cientos de miles de copias anuales.
En 1953 abandona Vogue, sufriendo el eclipse de la fotografía y de los fotógrafos de la posguerra en la década de 1960.
No será hasta 1979 cuando Claude Nori rescate a Doisneau publicando una retrospectiva de su obra en Tres segundos de eternidad.
Rehabilitado para el mundo del arte, en la década de 1980 recorre Asia, con exposiciones multitudinarias en Pekín, Tokio y Kioto, además de en Roma y en el Museo de Arte Moderno de Oxford.
En 1993 "El Beso" fue llevado a juicio. Una pareja afirmaba haberse reconocido en la imagen y reclamaban su porción del pastel. Por aquel entonces, empezaron a aparecer mujeres y hombres asegurando ser los amantes de la obra y planteando demandas de derecho de imagen, aquella mentira que hacía creer que era una instantánea improvisada no pudo mantenerse. El fotógrafo ganó el juicio al presentar como prueba la serie completa de fotos tomadas en distintos puntos de París con la misma pareja. La había encontrado en un café cerca de la escuela de teatro y les había propuesto posar para la foto. Françoise Bornet, la protagonista real de la foto junto a su novio de entonces, Jacques Carteraud, decidió descubrir su secreto: quería un porcentaje de las ganancias. Otra vez Doisneau ganó en los estrados: pudo comprobar que había pagado el trabajo de Bornet y su compañero. La pareja vendió la copia de su foto que le regaló Doisneau a un coleccionista suizo que pagó por ella 155.000€ en 1992. Más tarde, reconocería el propio autor: "No es una foto fea, pero se nota que es fruto de una puesta en escena, que se besan para mi cámara."
Al fotógrafo se le han dedicado más de un centenar de libros y varias películas. Del cartel de El beso se han vendido más de 500.000 ejemplares en todo el mundo.
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Inicialmente trabajó como fotógrafo industrial y de publicidad en la factoría de Renault de Billancourt hasta ser despedido por sus repetidas ausencias, según sus palabras "desobedecer me parecía una función vital y no me privé de hacerlo". De los objetos inanimados pasó a las fotografías de gente en París y Gentilly. El 25 de septiembre de 1932, L'Excelsior publica su primera fotografía. La crisis de los años treinta le afectó, debiendo pasar una larga temporada sin encargos. Vivió en Montrouge desde 1937 hasta su muerte. El 25 de septiembre de 1993. Doisneau tomó su última foto. El 1 de abril de 1994, a la edad de 81 años, murió.
Guerra y posguerra [editar]Participó como soldado estando alistado en la Resistencia Francesa durante la II Guerra Mundial hasta que fue desmovilizado en 1940. Son tiempos penosos en los que realiza fotografías de científicos por encargo y no deja de retratar la ocupación y la liberación de París. Terminada la guerra, es contratado por la agencia ADEP y trabaja junto con Henri Cartier-Bresson y Robert Capa, reflejando la alegría y la jovialidad de la ciudad de París tras la desgracia. Desde 1945 colabora con Le Point y se integra de por vida en la agencia Rapho, retratando, entre otros, a Pablo Picasso. Todo su trabajo, fuera de los encomendados, siguió centrándose en la vida pública y situando a sus personajes en un ámbito cotidiano "Mi foto es la del mundo tal y como deseo que sea" [1].
El latido de París [editar]Con Robert Giraud se abre a la vida nocturna de la capital: jazz, cafés y el arte alternativo. Recorre Montparnasse y Saint-Germain-des-Prés donde se encontrará con Jean Paul Sartre, Albert Camus y Jean Cocteau entre otros. Es su modo de escapar del mundo artificial de 'Vogue'.
En 1950, Doisneau buscaba material para cumplir con un encargo de la revista estadounidense America´s Life, interesada en los enamorados de París. De ahí saldrá la serie Besos y su obra más significativa: El beso del Hôtel de Ville. La fotografía muestra de forma misteriosa una pareja besándose frente al ayuntamiento de París. Muchos pensaron que era una fotografía espontánea que el autor había tomado en las calles parisinas. Sin embargo, años después se supo que la pareja estaba formada por los estudiantes de arte dramático, Françoise Bornet y Jacques Carteaud de los Cursos Simon. El artista que les haría anónimamente famosos les descubrió en un café parisiense y ambos aceptaron posar delante de su objetivo dándose un apasionado beso en mitad del tumulto de la ciudad. La foto se convirtió en un icono reconocido en todo el planeta. El trabajo recorría toda Francia y Estados Unidos con gran éxito, y le abriría las puertas en el extranjero. En 1951 expone en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Es un beso que simbolizó una multitud de cosas: el amor, París como ciudad romántica y representó una época de exaltación del sentimiento. También se convirtió en objeto que aportó jugosas ganancias: aún hoy el famoso beso vende cientos de miles de copias anuales.
En 1953 abandona Vogue, sufriendo el eclipse de la fotografía y de los fotógrafos de la posguerra en la década de 1960.
No será hasta 1979 cuando Claude Nori rescate a Doisneau publicando una retrospectiva de su obra en Tres segundos de eternidad.
Rehabilitado para el mundo del arte, en la década de 1980 recorre Asia, con exposiciones multitudinarias en Pekín, Tokio y Kioto, además de en Roma y en el Museo de Arte Moderno de Oxford.
En 1993 "El Beso" fue llevado a juicio. Una pareja afirmaba haberse reconocido en la imagen y reclamaban su porción del pastel. Por aquel entonces, empezaron a aparecer mujeres y hombres asegurando ser los amantes de la obra y planteando demandas de derecho de imagen, aquella mentira que hacía creer que era una instantánea improvisada no pudo mantenerse. El fotógrafo ganó el juicio al presentar como prueba la serie completa de fotos tomadas en distintos puntos de París con la misma pareja. La había encontrado en un café cerca de la escuela de teatro y les había propuesto posar para la foto. Françoise Bornet, la protagonista real de la foto junto a su novio de entonces, Jacques Carteraud, decidió descubrir su secreto: quería un porcentaje de las ganancias. Otra vez Doisneau ganó en los estrados: pudo comprobar que había pagado el trabajo de Bornet y su compañero. La pareja vendió la copia de su foto que le regaló Doisneau a un coleccionista suizo que pagó por ella 155.000€ en 1992. Más tarde, reconocería el propio autor: "No es una foto fea, pero se nota que es fruto de una puesta en escena, que se besan para mi cámara."
Al fotógrafo se le han dedicado más de un centenar de libros y varias películas. Del cartel de El beso se han vendido más de 500.000 ejemplares en todo el mundo.
4.5.10
13.4.10
18.3.10
16.3.10
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